jueves, 17 de septiembre de 2015

La rosa roja

Dos ojos oscuros.
Lo último que ven es el azul del cielo,
del que cae, hacia ellos,
aquella rosa roja.

Ella le sonreía,
prometiendo que no le iba a doler,
que él ya consiguió lo que ella anhelaba,
y que se quedaría con él.

Un beso en los labios le despertó.
Soñó caer por un barranco
con aquella maldita rosa en la mano,
y que esa flor le hablaba.

Unos labios de mujer,
tan rojos como aquella flor,
esbozaron una sonrisa
en un rostro aún más bello.

Las gotas de sangre corrían
por sus manos entrelazadas.
Él notaba espinas clavarse.
Ella sonreía mientras las apretaba.

No se podía resistir a aquello
que le estaba tan astutamente matando.
a esas curvas tan impactantes
como los latidos de su propio corazón.

Por ella, él iría al infierno
sabiendo que ella así lo querría.
Jugándose la vida por un beso más,
jugándose la vida con su propia locura.

Su última visión fue, inmóvil,
a ella de frente, sonriéndose.
Destacaba entre la multitud.
Era su último adiós.

El calor empezó a arroparle,
pero pasó a asfixiarle.
ardía entre gritos inútiles,
le lloraba a ella en vano.

Su corazón fue el primero en arder
de tan dolido y traicionado,
el resto del cuerpo le acompañaba
en aquel poste de madera.

En su muerte se halló su libertad,
aquel amor no le tendría martirizado,
su corazón no estaría minado nunca más,
pues ya no existía.
 


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El vídeo y la canción que inspiraron este poema:


La imagen que acompaña al poema forma parte del vídeo referenciado.

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