lunes, 24 de marzo de 2014

Sola

Buscando ciertas palabras
en ese desconocido
que huele tan bien
y de fachada elegante.

Ocupa sus noches entre copas,
invitada por modelos
que no amanecerán con ella
ni con su ropa interior.

Buscando un número más
en una interminable lista
escrita, como cada historia,
en un vodka con limón.

Pero el sol busca la compañía
que la luna con sus tatuajes
no acostumbra a ofrecer.
Y al amanecer, sola en la cama.

Buscando un abrazo,
pero de aquella compañía
no hay rastro,
como si de un sueño se tratase.

Gata de las noches,
diosa de las pistas de baile,
por las mañanas no es nadie,
y sola observa el tiempo pasar.

Derrotando en batalla
el alma de quienes, por ella,
destruirían el mundo entero,
disfrazando de amistad su desamor.

No hay desayuno en la cama,
ni ramos de las flores más bonitas,
sino mañanas de resaca
y bragas colgadas por los muebles.

Tan frías y vacías
como masturbarse porque sí,
mientras el que muere por ti,
muere por dentro en este poema.

Soñando con ser princesa,
no sólo por las noches,
soñando con perderse
en las calles céntricas del amor.

Perderse en la pasión
de un beso bajo la lluvia,
notando el cariño
que le da un abrazo cálido.

Soñando con que
el sexo de la noche
desemboque -¿por qué no?-
en amanecer abrazada a él.

Pero, ¿quién es él?

¿Quién quieres que sea él?
¿El que moriría por ti
o al que matas de noche
con tus armas de mujer?


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