jueves, 1 de agosto de 2013

Declaración de intenciones

No te asustes si te hablo
de una puesta de sol,
de un mirador,
de ti y de mí
en tu habitación.

Y te hablaré de besos
de cómo saben en tu cuello
o para picar de tus labios entre horas.

Te hablaré de las nubes
que se enredan en tu pelo
y las desharemos con mis manos.

Te contaré los lunares
uno a uno
y tendrás que adivinar
el dibujo que se forma al unirlos
con los dedos,
con la lengua.

Te hablaré de tu cuerpo desnudo
de que no quiere tener miedos,
de que quiere disfrutar,
de que yo le haré volar.

Dispararé a las noches
los días que te llenen de calor
pues ese calor no es mío
y no te hace disfrutar.

Robaré el aire frío,
para las noches de verano,
y nos calentaremos
en las mañanas gélidas
del viejo invierno,
abandonado a su suerte.

Serás cada pétalo
de cada rosa
que robaré para ti
para que puedas pisar
en tu camino de espinas
guiado por la luz de mis velas.

Todo eso durante tu puesta de sol
que no pasará desapercibida
y que contemplaremos
al ritmo de cualquier balada,
de cualquier suspiro.

Te hablo de mostrar las cicatrices,
sincerarte contigo misma
para ser apenas vulnerable.
fuerte y guerrera.

Y olvidarlo todo debajo de la lluvia
perdidos por los tópicos
de las calles de Madrid.
Londres. Roma. París.
O en las calles de tu barrio.

Una sonrisa antes de un ‘te quiero’.

Las palabras vuelan con el viento,
por eso las tuyas me las grabo a fuego
en mi corazón.

Esas son mis intenciones:
esta noche te hablaré de amor
a sangre fría.


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