sábado, 21 de abril de 2012

Palabras prohibidas

Charcos de rabia
inundan la tarde entera,
descubren la lona vieja
de surcos de venas rotas.

Arrastra los llantos,
que aterran,
de voces roncas,
en sacos rotos,
en sus huesos hundidos.

Dagas de barro,
charcos de sangre a cada latir,
a cada sonreír,
del que compuso su mejor canción
a una bien vestida arpía,
de ojos rojos,
y helado corazón.

La triste agonía
del hombre que dejó de fingir,
del hombre que olvidó querer.

Que no le dejan olvidar,
el fracaso en su dolor,
arraigado en su pecho.

Y que no cantará más canciones,
ni más melódicos versos,
a corazones traicioneros
con amarga pulpa,
en la secas tierras
cosechadas por sus buitres.

Lágrimas oprimidas,
a la deriva
en balsas negras
de arrancar las flores,
de pisar las ganas.

No lamentarán sus sueños,
pero sí su alma,
olvidar las ganas de verla,
hablarla.

Encontrar una realidad
inventada,
adulterada,
donde ella ya no existe,
y nada parece lo que es.

La cruel realidad
de su abandonada sonrisa,
de un mundo irreal,
reinado por el “que te follen”,
de juzgar sin ser juzgados.

Una visita inesperada,
de la eterna soledad,
en una vida mal soñada
donde ella ya no es real,
donde ella se ha marchado,
y su amor ha estrangulado.



1 comentario :

  1. Esta suena triste, pero igual de bonita.....!!!!

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